Tomamos un café en la pastelería El Cebo, muy bien surtida de salado y dulce, con la casa del Pasiego y el convento de la iglesia de la Merced a la vista, aunque yo me fijo en la destilería Casamayor, adorable antro al que una reforma, al parecer en marcha, quizás salve. La iglesia tiene jardín y bonito muro de cierre.
Callejeando por el casco antiguo, que tiene descensos y repechos muy leves y no es, de ningún modo, la parte más alta del trazado urbano (cosa notable), llegamos a la iglesia de la Asunción: nada en su portada, que los expertos llaman manierista y que es, en buen castellano, un robusto mazacote (hasta la poderosa torre es más marcial que eclesiástica).
La trama urbana del viejo Utiel es bien interesante. El antiguo ayuntamiento alumbró dos viviendas y conserva sus arrugados aleros. Hay un callejón de la Alegría, pero otro de las Amargosas. Más callejones, muchos, y una Puerta de las Eras. Hubo judíos y moros, además de cristianos, pero ahora la población es otra y aún se mantienen en pie edificios de hechuras tradicionales, con el balcón o el mirador ampliamente volado sobre vigas de madera, una belleza.
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